En Perspectiva

¿Son Uber y Cabify realmente economía colaborativa?

¿Son Uber y Cabify realmente economía colaborativa? Pros y contras de este sistema de transporte

La empresa multinacional Uber y su competidora en España, Cabify, suelen ser consideradas como plataformas promotoras de la “economía colaborativa”, un tipo de actividad comercial considerado más justo, eficiente y sostenible gracias a que la digitalización de la economía permite a los particulares vender, alquilar o intercambiar bienes y servicios directamente en el mercado. Sin embargo, no todos lo consideran así, y es actualmente una cuestión sometida a un fuerte debate.

La discusión no es banal. El propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) está analizándolo y de lo que decida dependerá que las dos redes de transporte se puedan beneficiar del principio de libre prestación se servicios que la Unión Europea garantiza a los servicios de la sociedad de la información.

Esto determinará el modelo de negocio que podrá implantar Uber en España, uno de los países que más se está resistiendo a su introducción. La empresa estadounidense, que opera en más de 60 países,  ya intentó iniciar operaciones aquí en 2014. Pero a finales de ese año un juez ordenó la cesión cautelar de sus servicios mientras decidía la demanda por competencia desleal presentada por el sector del taxi madrileño, algo que todavía no ha hecho.

En marzo del año pasado, Uber regresó a la capital española (la única ciudad española en la que opera), pero no lo hizo con su modelo de negocio normal, sino como una empresa de alquiler de Vehículos Turismo con Conductor (VTC). La diferencia entre este tipo de licencias y las de taxi es básicamente que los conductores VTC tienen prohibido ser proactivos en la búsqueda de clientes (sólo se les puede contratar a través de una app o un número de teléfono, por ejemplo), ocupar espacios en paradas destinadas al taxi o circular por carriles de uso exclusivo de vehículos de transporte público. Antes de que Cabify y Uber comenzaran a acaparar conductores con estas licencias, eran utilizadas tradicionalmente para el alquiler de limusinas y vehículos VIP.

Éstas son mucho más baratas que las de taxi: 50.000 euros como máximo frente a los más de 200.000 euros que se han llegado a pagar por una de taxi. Eso sí, conforme empresas como Uber y Cabify se han ido consolidando, las licencias VTC han ido aumentando de valor y las del taxi lo han visto disminuir.

Por lo tanto, la propia Uber reconoce que su actividad actual en España no corresponde al modelo de economía colaborativa. Pero culpa de esta situación a la oposición del monopolio del taxi. Uber asegura que sólo es una plataforma de economía colaborativa en los pocos países, como Estados Unidos, México o Australia, donde se ha regulado esta actividad. Ahí, dice, se limita a poner en contacto a conductores con pasajeros a cambio de un porcentaje de la transacción entre ambos y no exige ninguna exclusividad a sus chóferes, como tampoco les impone horarios.

Sin embargo, al ser proveedores que trabajan como autónomos y no empleados, a los trabajadores tampoco se les garantiza un salario mínimo, ni tienen derecho prestaciones como indemnizaciones por accidente laboral. Además, no son sólo simples particulares los que ofrecen sus servicios, sino también empresas o inversores que tienen varios vehículos y que subcontratan a conductores que trabaja en condiciones aún más precarias.

Pero los detractores de Uber alegan que no es un mero servicio de intermediación porque no facilita que dos personas compartan gastos para ir a un mismo sitio, como sí ocurre con BlaBlaCar, sino que el conductor transporta al usuario donde éste decide. Además, el pasajero no se limita a cubrir los gastos del viaje, sino que paga un precio superior. Por otra parte, la plataforma de transporte no sólo pone en contacto a usuario y conductor, sino que organiza los medios de producción, realiza una selección de chóferes, decide los precios por el servicio y gestiona su calidad.

Para Yuri Fernández, el portavoz de Uber en España, Europa, donde la compañía está encontrando más trabas, está en “un estadio poco menos que primigenio de la economía colaborativa” y dentro del continente, España tiene la regulación de transporte más restrictiva. Esto hace, ha advertido, no sólo que nuestro país esté adquiriendo una fama de “país tecnófobo” sino que el precio del taxi esté inflando en unos 5 euros por viaje y se esté bloqueando la creación de miles de puestos de trabajo

Uber tiene motivos suficientes para estar frustrada con España. A la par que la denuncia de taxistas madrileños le forzaba a suspender sus operaciones, en Barcelona, otra asociación de conductores de taxi, Elite, presentaba otra demanda ante un juzgado de lo mercantil, que acabó planteando ante el TJUE varias cuestiones prejudiciales relativas a la calificación de la actividad de la multinacional.  Una de estas cuestiones es precisamente si Uber practica o no una plataforma online de economía colaborativa.

Si la decisión del tribunal europeo, que se espera para después del verano, es contraria a la empresa, sería un duro golpe para su futuro en toda Europa. Y justo en uno momento crítico para ella, que ha visto como sus chóferes se le están poniendo en contra desde que el año pasado les rebajaron sus retribuciones y Uber comenzó a apostar fuerte en el diseño de un coche sin conductor. Si quien presta el servicio es una máquina, ¿cómo puede haber un intercambio entre particulares?

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