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El Bosque Vertical de Boeri

El Bosque Vertical de Boeri o cómo integrar rascacielos y naturaleza

Mientras el planeta sigue perdiendo superficie boscosa a pasos agigantados, las grandes ciudades no dejan de expandirse, sembrando hormigón, cristal y asfalto y aumentando los niveles de polución que respiran sus habitantes. Las zonas verdes son cada vez más insuficientes, como ha atestiguado recientemente Madrid, que ha tenido que tomar medidas contra la contaminación. Pero ¿y si esos espacios verdes vinieran integrados en los rascacielos, creciendo a la par que el cemento?

Eso es lo que concibió y llevó a cabo Stefano Boeri, un arquitecto y urbanista italiano que hace tres años inauguró en Milán su primer “Bosco Verticale”, dos rascacielos que incorporan en sus fachadas un auténtico bosque. La idea ha causado furor y ya está exportando su modelo a varios países.

No se trata de los cada vez más habituales jardines verticales ni de jardineras al uso, sino de edificios que son auténticos ecosistemas en los que pueden convivir personas, animales como pájaros e insectos y plantas.

Las dos torres de apartamentos que levantó Boeri en pleno distrito financiero de Milán, tienen en sus fachadas de 111,15 y 78 metros de altura un muro de vegetación que en horizontal ocuparían dos hectáreas: un verdadero bosque de más de 700 árboles (dos por cada habitante del bloque), 5.000 arbustos de grandes dimensiones y 15.000 plantas. En total, 94 especies vegetales, de las que más de la mitad permite la anidación de pájaros.

La idea se le ocurrió a Boeri tras visitar la moderna Dubái y ver lo que él denomina como una “ciudad mineral”, llena de flamantes rascacielos cubiertos de cristal y acero, que reflejan el calor solar sobre la calle y los peatones.

Decidió entonces que había que revertir de algún modo la tendencia de la arquitectura contemporánea, que desde el año 2000 ha revestido de cristal el 94% de los edificios construidos.

La vegetación que recubre los dos rascacielos de Boeri en Milán depura el aire, absorbiendo dióxido de carbono y emitiendo oxígeno limpio. Además, propicia un microclima en las dos torres que genera humedad, filtra las partículas en suspensión, reduce la contaminación acústica y, gracias a la sombra de las plantas, protege de la radiación solar.

Las plantas se distribuyen por una serie de balcones, de diversa longitud y con una disposición irregular entre planta y planta, lo que deja espacio en algunas partes para que crezcan árboles de hasta nueve metros de altura. Este diseño irregular da a los edificios un aspecto de aleatoriedad, como si, efectivamente, en vez de una creación humana, hubiera surgido y crecido de forma natural. Por otro lado, como muchas de las plantas son de hoja caduca, los rascacielos van cambiando de tonalidad con las estaciones del año.

Desafíos técnicos

La ejecución de este proyecto no ha estado libre de desafíos técnicos.  La presencia de árboles en el edificio presentaba algunos inconvenientes que hubo que resolver para permitir crecer las raíces sin que éstas provoquen daños estructurales. Por ejemplo, el tamaño de las jardineras donde crecen las plantas, hechas de cemento, tiene que estar adaptado al tipo de raíz de cada planta y a sus necesidades de agua. Además, su interior está recubierto de un estrato impermeable, un revestimiento protector y una capa para el drenaje.

Por otro lado, para evitar accidentes por una posible caída de árboles, estos fueron seleccionados uno a uno y asegurados con distintos tipos de anclaje a la estructura del edificio. El riego se realiza mediante un sistema automático por goteo y un equipo de podadores en altura cuida el bosque descolgándose por las fachadas de los edificios. Como los limpiacristales de rascacielos, pero con una podadora en lugar de un cubo con agua y jabón.

A pesar de que algunos escépticos cuestionaban que la vida animal fuera a sobrevivir a 100 metros de altura, con el impacto del viento y una exposición anómala a los rayos del sol, los insectos y los pájaros han ido colonizando este Bosque Vertical a cada vez mayor altura.

Premios y nuevos proyectos

Los rascacielos de Boeri han sido reconocidos con diversos galardones, incluidos el International Highrise de 2014 a la “edificación en altura más bella e innovadora” y el  “mejor edificio en altura 2015” del Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano.

El éxito del proyecto ha sido tal que al arquitecto italiano se le empiezan a acumular los pedidos para replicar su modelo por todo el mundo. A otros Bosques Verticales en París, Chicago, Shanghái, Utrecht, Lausana o Tirana, se le suma la construcción de un hospital en la misma ciudad de Milán con un enorme jardín terapéutico en su azotea, donde los pacientes puedan pasear.

Pero el proyecto más ambicioso que le han encargado es la construcción de una auténtica Ciudad-Bosque en Liuzhou, en el sur de China. “Forest City”, que podrá acoger a 30.000 habitantes y que se espera esté concluida en 2020, ocupará un área de 175 hectáreas en la que se levantarán 150 edificios siguiendo el modelo del Bosque Vertical de Milán. Habrá alrededor de un millón de plantas de un centenar de especies y unos 40.000 árboles que cada año absorberán casi 10.000 toneladas de dióxido de carbono y producirán 900 de oxígeno.

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