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Avances de la biotecnología

Los avances de la biotecnología dan un impulso al pensamiento transhumanista

El transhumanismo es un movimiento intelectual internacional que cree en la posibilidad de mejorar la condición humana a través de la tecnología.  Según este pensamiento, la humanidad se halla en una fase de transición en el desarrollo evolutivo y el uso de la ciencia dará paso a una condición transhumana o posthumana. Es decir, a un ser humano mejorado física e intelectualmente.

Aunque el concepto transhumanismo surgió en los años 60, cuando parecía poco más que un elemento de las películas de ciencia ficción, fue en la década de los 90 cuando comenzó a coger fuerza y a convertirse prácticamente en una filosofía.

Su visión del ser humano del futuro es la de un ser híbrido, mitad humano mitad máquina, con una parte biológica y orgánica y otra artificial y sintética. Esto, auguran, se logrará en base a tres elementos: la superlongevidad, la superinteligencia y el superbienestar, consistente en la reducción del sufrimiento.

Con el ritmo que están adquiriendo los avances tecnológicos en los últimos años, particularmente en el ámbito de la biotecnología, esta perspectiva ya no parece tanto un sueño alucinado de los fanáticos de la ciencia ficción.

Los dispositivos que permiten leer los pensamientos de personas que sufren parálisis y transformarlos en acciones como navegar por Internet, o apagar y encender las luces ya son una realidad.

Las extremidades biónicas son cada vez más precisas. El ingeniero estadounidense Hugh Herr, premio Princesa de Asturias en 2016 pudo volver a escalar más de dos décadas después de perder las piernas en un accidente de montaña gracias a unas prótesis qué el mismo diseñó.

Se están desarrollando impresoras 3D capaces de crear huesos o músculos con tejidos vivos e incluso ovarios fértiles para implantar en mujeres con problemas de fecundidad.

Además, está en boga el biohacking que busca integrar la biología humana con la tecnología digital. Hay biohackers trabajando en chips que se pueden implantar debajo de la piel que recogen información del cuerpo como los datos biométricos.

Los progresos en el campo de la inteligencia artificial los vemos en nuestro día a día. Gigantes tecnológicos como Google, Apple, Amazon, Microsoft o Facebook están invirtiendo millones y millones de euros en desarrollarla para que los ordenadores sean capaces de comprendernos mejor y anticiparse a nuestros deseos.

El adelantamiento de la inteligencia artificial a la humana ya no se plantea como un mera posibilidad. La incógnita es cuándo ocurrirá. Hay quien, en la línea de algunas novelas del escritor y científico Isaac Asimov, ve en esto un peligro para la propia humanidad. Los transhumanistas creen que el ser humano podrá controlar esta herramienta e impulsar con ella su propia capacidad cognitiva.

Por otra parte, el alargamiento de nuestras vidas casi hasta el infinito que prevén los transhumanistas, algunos hablan de “inmortalidad cibernética”, parece de momento irreal. Pero, gracias a la investigación para ralentizar el envejecimiento mediante la generación e inoculación de células, tejidos y órganos de laboratorio y la modificación génica, ya hace que los científicos comiencen a ver en el horizonte la posibilidad de llegar a vivir unos 140 años.

Esta campo también está en la mira de empresas como Google, que ha destinado un presupuesto de más de 1.200 millones de euros para Calico, una compañía cuyo objetivo es la investigación del envejecimiento.

Todos estos avances están dando alas al transhumanismo, pero al mismo tiempo están alimentado un debate en la comunidad científica sobre los límites éticos de la biotecnología. Para la mayoría no supone un problema aplicarla para solucionar problemas de salud. El inconveniente viene cuando se plantea para personas sanas, con el único objetivo de mejorar artificialmente sus capacidades.

El dilema moral que hasta ahora sólo existía en las novelas y películas de ciencia ficción, empieza a asomar la cabeza en la vida real. También hay quienes temen que la genética acabe dividiendo a las personas entre superhumanos e infrahumanos, dependiendo de las posibilidades de mejorarse artificialmente de cada una.

La biotecnología, el aumento de la longevidad, la modificación génica están logrando beneficios para la humanidad hasta hace poco impensables. Pero a la vez amenazan con situarnos ante una encrucijada en la que tengamos que decidir en qué queremos convertirnos.

 

 

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