En Perspectiva

Desastres naturales: ¿Un impulso para la economía?

La Destrucción Creativa: ¿Son los desastres naturales un impulso para la economía a largo plazo?

Este año va a quedar marcado en rojo en los anales de los desastres naturales. Dos devastadores terremotos en México, tres grandes huracanes consecutivos en el Caribe y Estados Unidos, inundaciones en Perú… Al drama de la pérdida de vidas humanas y la destrucción de hogares, se suma la preocupación por el impacto económico en los países afectados. Sin embargo, desde hace unos años se manejan estudios que aseguran que, a largo plazo, estos fenómenos acaban teniendo un impacto positivo en las tasas de crecimiento.

Conforme han avanzado las investigaciones, se ha diferenciado entre los efectos económicos de los países pobres y aquellos con más altos ingresos, mejor preparados ante estas situaciones. En los primeros, con menos capacidad de reacción, queda claro que los efectos son catastróficos. Sin embargo, en los segundos, el resultado a la larga, en materia estrictamente macroeconómica, acaba impulsando el crecimiento.

Esto se debe por una parte al aumento de la inversión gracias a los gastos de reconstrucción. Para empezar, está la financiación estatal, proveniente en muchos casos de fondos de emergencia reservados precisamente para solventar estas situaciones. A esto se suma el gasto de capital privado, ya sean las indemnizaciones de las aseguradoras o los ahorros acumulados por algunas familias.

Con estos fondos, se actualizan las infraestructuras, se renuevan las capacidades industriales y se abandonan aquellas que ya se estaban quedando obsoletas. Por lo tanto, en un breve plazo de tiempo se produce una modernización tecnológica, que de otro modo habría sido más paulatina y habría tardado años. Esto incrementa la productividad. Es lo que se denomina en términos económicos la teoría de la Destrucción Creativa.

También aumentan las inversiones en formación de capital humano y en tecnología. Y los estudios reflejan por otro lado que tras este tipo de calamidades se refuerza la confianza y la cohesión social de las zonas afectadas.

Incluso a nivel doméstico, los ciudadanos (aquellos que tienen recursos, por supuesto) aprovechan la reconstrucción para reformar sus casas. James Surowiecki, experto en temas económicos de la revista The New Yorker, califica esto como el efecto jacuzzi, y explica que en cuando se tiene que empezar desde cero es más fácil emprender cambios radicales que en condiciones ordinarias.

Por otro lado, según un estudio del Bando Mundial de 2009, en el caso de inundaciones, éstas pueden acabar siendo beneficiosas a largo plazo para la agricultura local. En dicho informe, en Banco Mundial indica que, aunque las aguas echan a perder la cosecha del año, incrementan la fertilidad del suelo, lo que da sus frutos en las siguientes campañas.

Aparte de la exclusión de esta teoría de los países pobres, otro matiz, según la prestigiosa revista británica The Economist, es que los desastres naturales son a la larga más perjudiciales para una economía cuando afectan a zonas de alto valor industrial.

Los economistas Mark Skidmore, de la Universidad de Michigan, y Hideki Toya, de la de Nagoya, llevaron a cabo un estudio en base a datos de 89 países en el que constataron un mayor crecimiento y una mayor productividad en aquellos países que habían sufrido más desastres climáticos en comparación con el resto.

Algunos ejemplos son el terremoto en Northtidge, en el sur de California, de 1994, tras el cual la economía de la zona creció a mayor velocidad que antes del temblor. O el seísmo de 2008 en la ciudad china de Sichuán, con una magnitud 8 en la escala abierta de Richter. Más de 69.000 personas murieron en ese cataclismo, pero el crecimiento económico acabó experimentando un empujón con la recuperación.

Quizás, el caso más paradigmático que encontraron fue el de Kobe de 1995. Esta ciudad portuaria del sur de Japón era un importante polo industrial y su puerto, el sexto mayor del mundo. El terremoto causó la muerte de 6.400 personas y dejó sin hogar a más de 300.000.

Ante los pronósticos de que tardaría varios años, e incluso décadas, recuperarse, sólo doce meses después el puerto había recuperado su actividad. Y tres meses más tarde podía decir lo mismo de su industria. A nivel nacional, la producción manufacturera no dejó de crecer en los meses siguientes y en los dos años posteriores superó las expectativas previas.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Para continuar navegando debe dar su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y de nuestra política de cookies. Pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies