En Perspectiva

China sacude el mercado internacional del reciclaje al cerrar las puertas a la basura extranjera

China sacude el mercado internacional del reciclaje al cerrar las puertas a la basura extranjera

Una nueva ley china, que prohíbe desde este año la importación de 24 categorías de residuos ha puesto en problemas a muchos gobiernos del llamado “primer mundo” y ha puesto en evidencia las políticas de tratamiento de las basuras de las naciones desarrolladas. Estas políticas han propiciado un trasiego internacional de materiales de desecho, y de su consiguiente contaminación, desde estos países a las economías en vías de desarrollo.

En contra de lo que mucha gente piensa, buena parte de la basura que separamos y depositamos en los contenedores azules, plásticos y textiles no acaba en las plantas de reciclaje de nuestro país, que no dan abasto para tratar todos los desperdicios que generamos.

Algunos residuos son de muy baja calidad o llegan muy mezclados o sucios, por lo que resulta muy caro reciclarlos. Así que son prensados en grandes paquetes y vendidos a países de África y Asia con estándares ambientales más laxos. Principalmente, a China, que hasta ahora era de largo el mayor importador de basura del mundo.

Pero Pekín se ha propuesto mejorar sus niveles medio ambientales y ha cerrado las puertas a la importación de los plásticos y papeles (entre otros residuos sólidos) para reciclar. Por lo tanto, muchos países, incluido España, tienen que buscar qué hacer con esos millones de toneladas de desechos que el país asiático dejará de recibir.

Desde nuestro país, según la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, se exportaron a China en 2016 más de un millón de toneladas de material para reciclaje, de los que más de las tres cuartas partes eran papel y cartón y un 13% plástico.

China empezó a importar residuos sólidos en la pasada década de los 80, cuando comenzaba a liberalizar su economía y necesitaba materias primas para su industrialización. Con el paso de los años se convirtió en el principal comprador de basura del mundo.

Las economías desarrolladas sacaron ventaja de esta avidez china, ya que sus exigentes regulaciones en cuanto a reciclaje no les permitían cumplir con sus objetivos. La Unión Europea, por ejemplo, se había fijado una tasa de reciclaje del 50% de sus desechos para dentro de dos años. Pero le resulta más barato exportarlos a otros países, que además pagan por ellos, que invertir en la infraestructura necesaria.

Estos países de destino, principalmente africanos y asiáticos, tienen unos requisitos ambientales más laxos en materia de tratamiento de basura. Lo hacen con escasas o ninguna medida de protección para los trabajadores y sin control de las emisiones de partículas tóxicas a la atmósfera ni de la contaminación de aguas y del suelo.

Incluso aunque desde Europa está prohibido exportar residuos peligrosos, como los aparatos eléctricos y electrónicos desechados, a países que no pertenezcan a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se esquiva esta restricción vendiéndolos como materiales de segunda mano o como donaciones. Sin embargo, el destino final de esos productos es en realidad su desguace, a menudo por niños, que sacan las piezas pequeñas de metal para revenderlas.

Mientras que entre 1997 y 2005 el reciclado en Europa de residuos de envases de papel y cartón creció en un 25% y el de envases de plástico ascendió el 40%, las exportaciones de papel a Asia se multiplicaron por diez y las de papel por once.

El comercio internacional de plástico reciclable ronda actualmente los 12 millones de toneladas al año, con un valor estimado de más de 360.000 millones de euros anuales. China acaparaba el 50% de este mercado, que en el caso del plástico aumentaba al 70%. Sólo en 2010, este país importó 7,4 millones de toneladas de este material para reciclaje, 28 de papel y 5,8 de metal.

Y estas cifras solo incluyen el comercio legal. Mucha más basura es exportada de los países desarrollados ilegalmente. La ONU calcula que este tráfico genera entre 16.000 y 25.000 millones de euros al año. En 2005, las inspecciones de 18 puertos europeos reflejaron que el 47% de la basura destinada a la exportación era ilegal.

Pero buena parte del plástico y del papel que llegaba a China era de muy mala calidad o estaba mal clasificado, por lo que acababa en vertederos o quemado. Por ello, Pekín se decidió en 2013 a mejorar esa calidad y restringió la importación de plásticos de baja calidad. Ahora ha dado un paso más y desde el pasado 1 de enero prohibió la entrada de cualquier tipo de residuo de plástico, de papel o de metal.

Con esta medida, busca reducir los riesgos medioambientales que producen los desechos de todo el mundo, pero también aumentar su capacidad para tratar los que generan los 1.300 millones de chinos, cada vez más consumistas.

La única solución que ven los países exportadores a este problema es encontrar nuevos mercados para sus residuos. De hecho, ante el anuncio de la prohibición china, en el último año se habían ido reduciendo los envíos de basura a este país, mientras que en el último año los dirigidos a Malasia se han duplicado y los de Vietnam se han triplicado. India, Nigeria, Turquía o Tailandia también suenan como alternativas.

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