En Perspectiva

Big Data, el futuro ya está aquí

Big Data, el futuro ya está aquí

Nos pasamos el día mandando whatsapps, escribiendo emails, escudriñando en Facebook la vida ajena, preguntándole a Google cada duda que nos viene a la cabeza. Y, claro, cada uno de esos pasos que damos en nuestro camino online deja una huella, una impronta que se almacena, se analiza y se monetiza. Eso, en muy resumidas cuentas, es el llamado Big Data.

Este concepto, tan en boga últimamente, no es algo nuevo, sino que existe desde que internet se cruzó en nuestras vidas y, especialmente, desde que, como sociedad, comenzamos a emplear masivamente las redes sociales. En una definición más técnica, podríamos decir que el Big Data es la recolección de todos esos datos que generamos con nuestras acciones diarias en el entorno digital para un posterior análisis que aporte unas conclusiones.

Big Data es que Google “adivine” nuestro pensamiento cuando comenzamos a teclear una frase en su buscador, que las tiendas de Inditex tengan un stock u otro en función del tiempo atmosférico o que el Instituto Nacional de Estadística transformase en 2014 su ingente cantidad de datos en una serie de mapas interactivos infinitamente más útiles que un mero listado.

Big Data es la confirmación de que el futuro ya está aquí. Y que no ha hecho más que empezar.

Para qué sirve actualmente

Es 2018 y estamos solo ante la punta del iceberg, pues el universo de la minería de datos –otra de las formas de llamar al Big Data- tiene un inmenso potencial por explorar en todos los campos: sanidad, educación, publicidad, periodismo y, por supuesto, tecnología.

Pero, ¿para qué sirve actualmente? Por un lado, es una herramienta a explotar por parte de las empresas, pues analizando los datos de sus clientes y cruzándolos con tendencias globales pueden ofrecer lo que sus compradores están demandando y satisfacer así sus necesidades antes incluso de que estas se hayan manifestado masivamente.

Además, a la industria también le permite producir stock en las cantidades adecuadas, reducir costes y aumentar la rentabilidad de su trabajo.

Y como usuarios, ¿convivimos con el Big Data? Rotundamente, sí. Cuando empleamos nuestra app de ejercicio físico, que nos dice cuánto hemos caminado en una jornada y si estamos o no dentro de la media de la población de nuestra edad; cuando usamos el traductor de idiomas de Google; cuando realizamos transacciones financieras vía online y hasta cuando navegamos por Instagram y el algoritmo de la aplicación –que no es otra cosa que Big Data- nos muestra las imágenes que considera interesantes para nosotros.

Para qué servirá en el futuro

Como apuntábamos anteriormente, el llamado Big Data es un ser que está comenzando a caminar y que tiene un largo sendero por delante. Próximamente, lo que hoy nos parece un cuento de ciencia ficción será una realidad. Como que el sistema educativo adapte los ritmos de enseñanza a cada alumno en función de la hora en la que digiere mejor el contenido. O como que seamos capaces de comunicarnos a través del pensamiento.

En la salud, la minería de datos tiene también mucho que hacer, pues la medicina avanza hacia una mayor personalización y unos diagnósticos más precisos y aproximados. Y todo gracias a la informatización de los historiales clínicos y de los avances en investigación.

Pero, como todas las monedas, la del Big Data también tiene su cruz. La implantación de estos sistemas de análisis masivo supone un reto ético –ahí está la manipulación de los datos- y un desafío humano, pues procesar toda la información de la que disponemos y dispondremos no se antoja una tarea sencilla.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Para continuar navegando debe dar su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y de nuestra política de cookies. Pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies