En Perspectiva

El hidrógeno, ¿la fuente de energía renovable definitiva?

El hidrógeno, ¿la fuente de energía renovable definitiva?

Hace décadas que hablamos y oímos pontificar sobre la necesidad de potenciar las fuentes de energías renovables, esas que reducirán nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de paso, por el camino, dejarán un mundo más verde, más limpio y más cuidado.
Y en todas esas charlas hay una pieza del puzzle que nunca sabemos cómo encajar: el hidrógeno. Es el material más abundante del planeta, no es tóxico, puede generar muchísima energía y no produce CO2 como residuo, solo devuelve vapor de agua a la atmósfera. Pero, si luce orgulloso todas estas propiedades, ¿por qué no lo estamos empleando ya como fuente energética?
Porque no es tan fácil. Obtener el hidrógeno como tal requiere de un proceso muy complejo –uno que permita separar las moléculas de éste en el agua o disociarlo de las del metano, por ejemplo- y costoso. Y, además, en muchas ocasiones, la energía que se emplea para realizar este trabajo procede de fuentes no renovables, lo que es, por un lado, incoherente y, por otro, una manera de no resolver el problema de raíz.
A todo esto hay que sumar que las infraestructuras tanto para almacenar el hidrógeno como para generarlo y darle salida no son suficientes ni están creciendo al ritmo que cabría esperar si es esta la auténtica apuesta energética para el futuro, como cuenta en esta entrevista Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno.

Pero que no cunda el pánico. El panorama no es tan negro como señalan estos párrafos: podemos seguir poniendo las esperanzas en el hidrógeno, pues hay avances significativos que nos dicen que no estamos tan lejos de un mundo sin petróleo. Dentro optimismo.
Las aplicaciones actuales del hidrógeno

El mundo de la investigación, la innovación y el desarrollo, que acoge a tantos profesionales de la ingeniería de la más diversa índole, acumula pasos hacia delante en el camino a potenciar el hidrógeno.
Un ejemplo, como cuenta este artículo, es el trabajo conjunto de cuatro empresas europeas –dos de ellas españolas- que han logrado generar hidrógeno a partir de energías renovables. Y, con ese hidrógeno, han abastecido a la flota de autobuses de la ciudad alemana de Rennerod y a localidades de Escocia.

Porque una de las aplicaciones más directas, plausibles y en la que más se está evolucionando es la automoción. Ya existen modelos de coches (fabricados por Hyundai y Toyota, eminentemente) que pueden circular con pilas de combustible de hidrógeno con más de 500 kilómetros de autonomía.

Y hay países volcados con esta energía. Japón, por ejemplo, prevé que en sus Juegos Olímpicos de 2020 los jugadores y trabajadores de la cita se desplacen en vehículos de hidrógeno, que apuntan a contar con mayor autonomía que los eléctricos y a cargarse en mucho menos tiempo: apenas cinco minutos de repostaje bastarían para que el vehículo rodase durante 600 kilómetros.

La situación en España
Es innegable que buena parte de los países occidentales adelantan a España en lo que a fomento del hidrógeno como energía del futuro se refiere. En nuestro país hay únicamente seis hidrogeneras operativas (ubicadas en Huesca, Zaragoza, Puertollano, Albacete y Sevilla, donde hay dos), mientras que en otros países europeos como Alemania hay 44. En Reino Unido se pueden encontrar 12 y en Dinamarca, una decena.
¿Qué nos falta? Como indica Javier Brey en el artículo antes referenciado, una estrategia. Igual que los postes para coches eléctricos no tenían sentido si no había vehículos de este tipo que alimentar, las estaciones de servicio de hidrógeno se convertirán en estaciones fantasmas sin una flota de automóviles a las que ser útiles. Nos toca ponernos las pilas. Nunca mejor dicho.

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