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Los algoritmos que controlan las operaciones bursátiles

Los algoritmos que controlan las operaciones bursátiles

Aquellas imágenes de inversores anotando en la puerta de Wall Street las subidas y bajadas de sus acciones y haciendo sonar una campana cuando los beneficios alcanzaban el máximo son cosa de la historia. El panorama actual de las bolsas del mundo es totalmente distinto: las figuras de los inversores han dado paso a los robots.

La inteligencia artificial es un barniz que cubre cada vez más capas de la sociedad. En lo económico, y especialmente en lo bursátil, también se deja notar su presencia. Unas tres cuartas partes de las operaciones de la Bolsa de Nueva York las realizan robots. Pero, ¿cómo deciden ellos cuándo comprar y cuándo vender?

Todo sucede gracias a un algoritmo. Una serie de órdenes e instrucciones que se dan —se programan, mejor dicho— a esos inversores inanimados. Así se configura el llamado trading algorítmico: la compra y venta de acciones por parte de robots que, previamente, han sido entrenados por especialistas económicos para resolver problemas matemáticos y ejecutar operaciones.

Los aparatos están instruidos para reaccionar de manera inmediata a ciertos parámetros. La velocidad en la bolsa es fundamental, bien lo saben los especialistas que ponen a punto estas máquinas, que requieren de una revisión constante para evitar sustos a la economía mundial.

¿Es bueno o malo que unos dispositivos sin alma operen en la bolsa y rijan con sus rápidas decisiones los mercados? ¿Dónde queda la mano humana? Si todos los algoritmos siguen las mismas normas, ¿realizarán todos las mismas acciones?

La mano humana es la que programa a esta suerte de duendes de la bolsa; por tanto, su huella está ahí latente. Pero la diferencia entre robots e inversores de carne y hueso es clara: los primeros son mucho más veloces, tardan apenas unos segundos en realizar las operaciones; los segundos se dejan influir por las emociones, por la esperanza y por el miedo o los nervios. Toman decisiones humanas y, como cada humano es diferente, decisiones diferentes.

Los traders algorítmicos, en cambio, pueden (según el contexto y su configuración) ejecutar las mismas acciones al mismo tiempo. Y no sería algo nuevo: sucedió este mismo año, el pasado mes de febrero, cuando en la Bolsa de Nueva York el índice Dow Jones registró una fuerte caída, la mayor desde el año 2011. Aquello tuvo eco en las bolsas de Asia y Europa, que también tornaron sus números al rojo.

No fueron las políticas de Trump ni un nuevo inminente crack lo que provocó aquella caída. Fueron los robots de trading algorítmico quienes, programados para esa reacción, optaron por vender acciones tras el anuncio por parte de Estados Unidos de que se crearía más empleo del previsto.

Su importancia y papel en la economía mundial habrá de ser juzgada en el largo plazo, si bien, actualmente, ya se puede afirmar que su influencia en las finanzas es notoria, como explicó Pádraig Belton, reportero de tecnología para asuntos económicos de la BBC en este artículo. “Ese trading hecho por robots está afectando profundamente al mundo de las inversiones, desde fondos de cobertura internacionales hasta individuos que ahorran”.

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