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La tabla periódica cumple 150 años y esta es su fascinante historia

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La tabla periódica cumple 150 años y esta es su fascinante historia

La tabla periódica de los elementos es una herramienta básica para los químicos y otros profesionales de la ciencia. Pero, más allá, es un símbolo casi pop, reinventado incluso en clave Disney. ¿Por qué es tan popular? Porque todos la conocemos y hemos estudiado, independientemente de que nuestras carreras profesionales estén o no ligadas a la ciencia. Y porque, en un contexto claramente empírico como es la química, la tabla periódica es una ventana a la imaginación.

Buen ejemplo de ello son las muchas versiones que han existido y existen de esta herramienta, que en 2019 cumple 150 años y por la que la ONU ha declarado este como el Año Internacional de la Tabla Periódica.

¿De qué versión hablamos, pues, cuando decimos que cumple un siglo y medio de vida? De la del químico ruso Dmitri Mendeléyev, que, en el año 1869 esbozó la primera versión de esa tabla tantas veces plastificada en los institutos. Su vida, igual que la de su tabla, es fascinante. Nació en Siberia en 1834, era el menor de 17 hermanos, se casó dos veces y los escándalos de su vida privada y su mentalidad liberal no encajaban en la Rusia zarista.

Abandonó su cátedra en la Universidad de San Petersburgo tras un conflicto en el que apoyó a los estudiantes y su opinión no fue escuchada por el ministerio de Instrucción Pública. En 1906 todo parecía indicar que ganaría el Nobel de Química, pero en su lugar se lo llevó Henri Moissan. Mendeléyev no contó con ese reconocimiento, pero sí con el de tener en su propia tabla un elemento nombrado en su honor: el mendelevio.

Él, en un ejercicio de visión de futuro, dejó lugar para los elementos que aún no habían sido descubiertos, por lo que su tabla pudo ir amoldándose a los avances de la ciencia.

Antes de su versión hubo otras, como la de John Dalton. Y a la suya le siguieron otras muchas, algunas radicalmente diferentes, como esta en espiral de Heinrich Baumhauer, y otras que la reinterpretaban o ampliaban, como esta de Heinrich Werner o esta de Charles Janet, considerada una de las más influyentes por los científicos en artículos como este.

Poco a poco, y con el paso de los años, cada grupo de elementos fue reorganizándose y redistribuyéndose en la tabla… a partir de la versión de Janet. Los gases nobles quedaron a la derecha y los metales fueron desplazándose hacia la izquierda y redistribuyéndose. El resultado fue una tabla muy larga, compleja de incluir en los formatos de impresión de una manera sencilla y legible. Ese es el motivo por el que el bloque f se trasladó, de manera horizontal, a la parte inferior de la tabla. Puro pragmatismo científico.

La tabla periódica de los elementos que hoy consideramos como “oficial”, contempla en la actualidad 118 elementos, los que se conocen a día de hoy (de hecho, en 2016 se incorporaron cuatro más: nihonio, moscovio, tennessina y oganesón). Las tablas periódicas “oficiosas” son otras muchas, desde aquellas en tres dimensiones hasta las que nos recuerdan a los ábacos, otros elementos científicos convertidos en objetos populares que, seguro, también esconden una interesante historia.

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