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Así pueden cuidar los drones el patrimonio

Mucho más que para hacer fotos: así pueden cuidar los drones el patrimonio

Para hacer fotografías panorámicas aéreas y presumir en las redes sociales. Para volver a los tiempos de la infancia y jugar, de nuevo, con teledirigidos. Para grabar escenas de película a vista de pájaro. Para todo eso sirven los drones, pero también para mucho más: entre otras cosas, para preservar nuestro patrimonio.

Porque la arqueología se sirve de las tecnologías del presente para acercarse al pasado, conocerlo, investigarlo y cuidarlo. Y aparatos como los drones tienen mucho que aportar a esta disciplina. Pueden llegar donde los seres humanos no lo hacen o donde puede resultar peligroso acercarse; pueden ayudarnos a descubrir cosas que a nuestros ojos resultan imperceptibles; pueden grabar imágenes espectaculares de entornos naturales para fomentar la divulgación científica y arqueológica.

No son todo quimeras ni castillos en el aire: el uso de los drones en la investigación y conservación del patrimonio es una realidad y son muchos los proyectos y equipos que lo incorporan.

Por ejemplo, el arqueólogo peruano Luis Jaime del Castillo, experto en la cultura moche (y quien llegó a ser viceministro de Patrimonio en el Ministerio de Cultura de su país entre 2013 y 2015) es ahora, también, experto en el uso de drones para conocer y cuidar yacimientos. Recorre los Andes armado con su ejército de drones tomando fotografías aéreas que servirán para construir maquetas tridimensionales y retratando cada santuario del rico Perú para, así, proteger los enclaves, entre otras cosas, de los expolios.

Pero no hace falta cruzar el Atlántico: aquí, en España, arqueólogos como Miguel Fernández, fundador de Virtua Nostrum, también han incorporado a sus rutinas laborales los drones.

Investigación y divulgación son las dos patas de Virtua Nostrum, un proyecto que apuesta por el uso de drones, escáneres y cámaras terrestres para, por ejemplo, hacer seguimiento de los avances de una investigación, planificar las misiones o hacer un estudio de la profundidad del terreno antes de adentrarse en él.

Otro uso de los drones es ayudar en la reconstrucción de edificios: con ellos se pueden observar detalles imperceptibles a la vista humana y saber dónde es más sencillo o necesario intervenir. ¿Acaso no sería útil contar con esos puntos de vista para, sin ir más lejos, reconstruir Notre Dame tras su reciente incendio? Eso sí, en este punto hay que tener en cuenta otro factor: la limitación legislativa, pues en un buen número de países está prohibido volar drones en entornos urbanos.

¿Qué hay de la divulgación? Ya lo dice la sabiduría popular: una imagen vale más que mil palabras. Con imágenes de yacimientos y enclaves arqueológicos tomadas por drones y en alta calidad, es más sencillo acercar al público de un modo atractivo la riqueza de nuestro patrimonio y, así, recordarle su tremendo valor y la necesidad de protegerlo. Si las pirámides de Egipto ya son impactantes desde la tierra, ¿cómo de sorprendentes serán desde el cielo, a vista de dron?

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