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‘Chernobyl’, la serie que narra la catástrofe nuclear sin caer en el morbo

© imágenes: Gabinete de prensa del centenario, T.Franzen, Marcel Breuer, Weimar Bauhaus

‘Chernobyl’, la serie que narra la catástrofe nuclear sin caer en el morbo

 La serie producida por HBO recupera las horas más bajas de Chernóbil con un sentido histórico que la ha convertido en el éxito de esta temporada. Un relato con pocas licencias que cuenta cómo la URSS se enfrentó a una de las mayores catástrofes nucleares de la historia.

La serie comienza con el suicidio de Valeri Legásov, interpretado por Jared Harris, miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias y el director adjunto del Instituto Kurchatov, centro de la investigación nuclear soviética. En una fecha ficticia que nos sitúa justo dos años después del accidente, Legásov graba unas cintas autobiográficas que reflexionan acerca del desastre nuclear en el que él intervino como parte del equipo encargado de solucionarlo. Acto seguido, se suicida. Esas cintas existieron en el mundo real, como muchos de los detalles que muestra Craig Mazin, el creador y guionista de ‘Chernóbyl’.

Al igual que en otros sucesos de la historia de la humanidad, las teorías, las leyendas, el misticismo y los héroes afloran en torno al recuerdo de Chernóbil. La serie, sin embargo, aborda el desastre nuclear desde un punto de vista histórico, sin adornos y sin dramas superficiales. Esta crónica de una muerte anunciada, sin spoilers que valgan, recrea en cinco capítulos la atmósfera de una URSS hermética que reacciona lentamente ante una tragedia hasta entonces desconocida. Lejos del deseo de ahondar en la tragedia y sus consecuencias, ‘Chernobyl’ navega entre temas concretos y abstractos, reflejando la importancia de la ciencia y la razón frente a la opinión y la fe.

A la 1:23 de la madrugada del 26 de abril de 1986, la unidad 4 de la central nuclear Vladimir I. Lenin explotó por los aires. Con una segunda explosión el núcleo del reactor quedó expuesto, y el viento se encargó de dirigir la columna de humo contaminando la zona ucraniana y parte de Bielorrusia. Pero, ¿cuál fue el error? El reactor, un RBMK-1000 diseñado por los soviéticos, estaba llegando al final de su ciclo de combustible -el uranio en su núcleo estaba casi agotado-, algo que lo hacía mucho más difícil de controlar. El equipo nocturno, torpe a ojos de los espectadores, llevaba a cabo aquel día una prueba de seguridad negligente que pasó por encima de  todas las recomendaciones del reglamento nuclear de la URSS. Las pruebas desembocaron en una reacción descontrolada del núcleo y la consecuente explosión.

 

El desconocimiento, o la negación, de que el núcleo del reactor había explotado condiciona todas las decisiones que se toman aquella fatídica noche en Pripyat. Los bomberos riegan el núcleo y la columna de humo se multiplica. El material radioactivo se propaga libremente y contamina el aire de varios kilómetros a la redonda. La población no es evacuada. Niños y mayores observan el incendio con fascinación. El desastre estaba servido.

La radiación es tal que llega a registrarse en centrales nucleares de Suecia. Sólo entonces las autoridades soviéticas se dan cuenta de la magnitud del problema al que se enfrentan. El cambio en la estrategia llega tarde, cuando las malas soluciones y la falsa tranquilidad han empeorado el panorama.

A pesar de que varios personajes intervienen, la serie no busca héroes ni culpables abiertamente. Desde Dyatlov (interpretado por Paul Ritter), ingeniero jefe adjunto en la central nuclear la noche del accidente, hasta Gorbachov, el político Boris Shcherbina, o el científico Legásov, todos son figuras de una tragedia de magnitud inhumana. Hay detalles sin embargo que muestran un interés por acercarse a las historias personales vividas, como los zapatos que sostiene Lyudmilla en el funeral de su marido porque sus pies están demasiado hinchados.

El trabajo de documentación de los creadores de ‘Chernobyl’ es en parte el responsable de su éxito rotundo. Craig Mazin ha usado diálogos completos de las páginas de ‘Voces de Chernóbil’ de Svetlana Alexievich. Las primeras 24 horas del accidente, y las posteriores evacuaciones y reuniones políticas son impactantes y se ajustan con exactitud a lo vivido en la realidad. Ha habido alguna que otra polémica por los uniformes rusos y alguna licencia de HBO, pero en general, los testigos de aquel accidente hablan de un panorama muy semejante, en el que los bomberos acudían sin casco y los trajes no estaban preparados para tales niveles de radiación.

Hubo trabajadores que se convirtieron en héroes, liquidadores y bomberos que arriesgaron sus vidas por el sentido del deber y por un bien mayor. Existió la intención de tapar y ocultar el desastre para impedir que salpicase al gobierno comunista. La serie destapa, para quienes no estén familiarizados con esta historia, la lentitud de la actuación, la ineficacia de los mandos intermedios, el miedo a ser señalado por el régimen. El espectador ve cómo el intento de los científicos de explicar lo que no se ve queda relegado a la incredulidad, la mentira y la fé en el régimen soviético. ‘Chernobyl’ logra dibujar con objetividad un relato coral de cómo políticos, científicos, y ciudadanos conviven con un desastre nuclear sin precedentes, aunque Rusia no está de acuerdo y ya ha anunciado que prepara una nueva versión.

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