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Dependencia tecnológica, ¿estamos demasiado enganchados a la vida 2.0?

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Dependencia tecnológica, ¿estamos demasiado enganchados a la vida 2.0?

En los últimos años, una nueva adicción se ha añadido a la lista de las clásicas: la adicción a la tecnología, que, como todas, genera dependencia. La dependencia tecnológica es un mal común y, normalmente, poco confesado entre quienes la padecen.

Si repasamos nuestro día a día, nos visualizamos junto a la tecnología en todo momento: nos despertamos con la alarma del móvil, desayunamos leyendo las noticias en nuestro smartphone, vamos al trabajo en metro actualizando nuestras redes sociales…  Existen ya asesorías en algunas comunidades autónomas como Madrid, que cuenta con el servicio de atención en adicciones tecnológicas, para ayudar a quienes han sabido reconocer su problema.

Forzarnos a pasar más tiempo alejados del mundo digital, olvidar esa vida 2.0 que muchos creamos en nuestras redes sociales, apagar el móvil y disfrutar de la belleza de las cosas y planes analógicos son algunos de los pequeños pasos que podemos dar en pro de una vida más desconectada.

Una cuestión estratégica

Pero, aunque esa es la definición de dependencia tecnológica que aparece primero en nuestra cabeza cuando pensamos en ese concepto, existe otra acepción. Una de cariz estratégico e internacional.

La Comisión Europea alertó recientemente sobre la excesiva dependencia tecnológica de Europa. Y no se refería exactamente a que los ciudadanos del continente pasemos mucho tiempo con la vista pegada a nuestros smartphones: hablaba de que los países de la Unión dependen excesivamente de terceros en sus servicios tecnológicos, con lo que está “poniendo en peligro sus valores y su influencia estratégica”.

La mayor parte del software y hardware europeo tiene como origen Estados Unidos, China o Corea del Sur, lo que implica que, en un mundo cada vez más tecnológico, Europa puede perder su relevancia en los mercados globales. Si Estados Unidos tiene a Apple como gigante tecnológico, China tiene a Huawei y Corea del Sur a Samsung, ¿a quién tiene Europa? El continente se arriesga a quedarse atrás en la carrera por la innovación y en cuestiones como la inteligencia artificial o el aprendizaje automático, asuntos claves para el desarrollo de las sociedades en las próximas décadas.

Esa dependencia tecnológica de terceros también puede comprometer, por ejemplo, la seguridad estratégica europea; además de que, en ciertos casos, la fabricación de ese hardware tiene lugar en países donde no se respetan los derechos fundamentales del continente.

¿Qué medidas se pueden tomar? Altos cargos de la Comisión Europea, según Politico, estarían proponiendo acciones como la creación de un Fondo Futuro Europeo, dotado con 100.000 millones de euros, para que invierta en compañías tecnológicas europeas y el continente sea soberano en las cuestiones 2.0.

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