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El oleoturismo es el nuevo enoturismo

El oleoturismo es el nuevo enoturismo: ruta para valorar y saborear el aceite español

Costaría encontrar un producto alimentario (si es que lo hay) con más propiedades, usos e historia que el aceite de oliva. Uno de los grandes reclamos gastronómicos de España, la relación de la península Ibérica con este producto se remonta al imperio romano, cuando Hispania se convirtió en un gran campo de cultivo de aceitunas.

Esa tradición, con origen en los romanos, se ha mantenido hasta la actualidad. Hoy, España cuenta con 340 millones de olivos, según el Ministerio de Agricultura, cultiva más de 250 variedades y tiene 28 denominaciones de origen.

Pero, ¿conocemos la diversidad e importancia del aceite de oliva español? El oleoturismo comienza a instalarse como una opción de promoción de este producto, y también de promoción de esa España rural que poco a poco se vacía, dejando sin herederos a la tradición instaurada por los romanos.

Si el vino ha logrado generar toda una cultura turística a su alrededor, ¿por qué no podría hacerlo el aceite? Con ese punto de partida, son muchos los municipios y regiones que están apostando por revalorizar su territorio con el AOVE (aceite de oliva virgen extra) como bandera.

De las 28 denominaciones de origen aceiteras que hay en España, 12 están en Andalucía, por lo que esta región acumula también la mayor oferta en lo que a oleoturismo respecta. Jaén, tierra de olivos por antonomasia, agrupa la oferta de la provincia en el portal Oleotour Jaén.

Entre sus propuestas figuran desde paseos por olivares y catas hasta experiencias para comprender el proceso de producción del aceite. Úbeda, Baeza, Mengíbar o Martos se suman a la tendencia y ofrecen a los visitantes -muchos de ellos extranjeros, de países como Estados Unidos- actividades para comprender y aprender a saborear el mejor aceite.

No solo los turistas valoran este producto y su potencial, también lo hacen desde las instituciones. Recientemente, por ejemplo, una delegación de políticos japoneses (un país donde también se produce abundante aceite de oliva) visitó Jaén para conocer cómo se explota en esta provincia de Andalucía este producto y la cultura que lo rodea.

A Jaén se suma Córdoba, con cortijos y almazaras que se pueden visitar y en los que, incluso, se puede pernoctar. O Málaga: en el pueblo de Ronda se sitúa la finca La Organic Experience, con catas, degustaciones y visitas guiadas.

Si bien Andalucía es indiscutiblemente la principal tierra aceitunera de España, otras zonas del país también lo cultivan, producen y explotan sus posibilidades turísticas. De Cataluña, con rutas olivareras por Lleida y olivos milenarios en Tarragona, a Aragón. En la comarca turolense del Bajo Aragón el aceite es casi religión: pueblos como Calaceite (en el Matarraña, la llamada Toscana española), hacen de este producto uno de sus reclamos.

Castilla La Mancha, Extremadura o Mallorca también se ha sumado a la ola del oleoturismo con sus propias propuestas y puntos de vista. Todos comparten un objetivo: sacar pecho con su aceite, reivindicar su valor y el de sus productores.

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