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Videojuegos con moderación, otra forma de dar “play” al cerebro

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Videojuegos con moderación, otra forma de dar “play” al cerebro

Las características de estas creaciones pueden servir para potenciar la atención selectiva, la velocidad de procesamiento de la información, la memoria o la inteligencia fluida

El cerebro cambia según cómo y para qué lo usemos porque gracias a su plasticidad nunca deja de aprender. Jugar a videojuegos, por ejemplo, puede potenciar ciertas habilidades latentes que de otra forma no propulsaríamos. Las investigaciones del experto en neurociencia cognitiva Diego Redolar Ripoll van por ese camino e indican que, a pesar de su mala fama, videojuegos de acción o plataformas, con entornos 3D, facilitan la atención, la percepción y la cognición espacial y las funciones ejecutivas.

 

Y de ello son buen ejemplo incluso sospechosos habituales como Call of Duty o Resident Evil. Cualquier propuesta virtual en la que haya una presencia de peligro en la pantalla está activando y desarrollando partes del cerebro que pueden ser de utilidad en el día a día. Y no tiene por qué ser un peligro violento. Plataformas como Super Mario Bros, Donkey Kong o Rayman producen el mismo efecto. Unos y otros modifican la función y la estructura del sistema nervioso.

 

Estas creaciones propician la atención selectiva y sostenida, aumentan la velocidad de procesamiento de la información, incrementan nuestras habilidades visoespaciales –entre ellas, la memoria– y, en general, fomentan nuestra adaptabilidad –lo que se conoce como inteligencia fluida– y el desarrollo de nuestras funciones ejecutivas.

 

Ahora la pregunta es: ¿Se pueden producir mejoras aún más marcadas utilizando determinadas técnicas? Parece que la respuesta es sí, siempre que los sujetos hayan jugado a videojuegos antes de los 14 años. Se trata de un caso parecido al que un niño de cuatro años que aprende con facilidad un segundo idioma y desarrolla un acento perfecto, gracias a la plasticidad del cerebro a esa edad.

 

Sin embargo, no todo es positivo. Los videojuegos activan el sustrato nervioso del refuerzo, como lo hacen el café, el alcohol, o el sexo. Y lo hacen porque nos gustan. Eso conlleva el peligro de adicción, si se dejan de hacer otras cosas por jugar, todos los demás beneficios se acaban. El cerebro produce neuronas nuevas cada día. Pero su nivel de producción cambia en función de nuestros hábitos. Si hacemos deporte, aumenta, si estamos estresados, se reduce. Un niño sano necesita dormir, hacer ejercicio, una dieta sana y socializar, y a eso debe añadírsele el entrenamiento cognitivo que pueden proporcionar los videojuegos. Y hay mucho otros medios para el entrenamiento cognitivo: la lectura, hacer puzles, o incluso la música. En cualquier caso, el cerebro no es un órgano rígido, y sobrevive a un mundo cambiante, cambiándose a sí mismo.

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