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Cuando la agricultura le da la mano a la inteligencia artificial

Cuando la agricultura le da la mano a la inteligencia artificial

La agricultura parece el último territorio sin conquistar por la tecnología. El campo se concibe como un remanso de paz, lejos de las pantallas, y el trabajo de la tierra, como una actividad casi primitiva, en la que la intuición y el mantenimiento de técnicas ancestrales mandan. Pero ¿es realmente así? Las Feria Internacional de Maquinaria Agrícola que se celebra anualmente en Zaragoza lleva años demostrando que los avances son increíbles en este sector. Y lo cierto es que, cada día más, el llamado internet de las cosas se cuela en la agricultura para hacerla no solo más inteligente (¿acaso hay algo más inteligente que la propia naturaleza?), sino también más efectiva y eficiente.

Un ejemplo: en 2017, John Deere, empresa líder en fabricación de equipos para el trabajo agrario, compró por 305 millones de dólares Blue RiverTechnology, compañía de ‘machine learning’ aplicado a la agricultura. Esta empresa había nacido en Silicon Valley y, con ella, la histórica marca de tractores ideó un rociador de cultivos que funciona con inteligencia artificial.

Este dispositivo es capaz de interpretar los datos visuales para, después, aplicar pesticidas y fertilizantes según lo que cada planta de cada cultivo necesita. El empleo de este rociador tiene un doble beneficio: por un lado, para el planeta, ya que se minimiza el uso de herbicidas y pesticidas; por otro, para el agricultor, que reduce los costes de fertilizar y eliminar malezas y que puede aportar a los consumidores un producto más natural, menos expuesto a sustancias químicas.

El rociador de John Deere es solo un ejemplo, pero la historia reciente de la agricultura está plagada de hitos de este tipo: acercamiento de la inteligencia artificial (IA) al campo. Otra muestra es el proyecto piloto desarrollado por Microsoft Azure en los campos de Aragón: la compañía tecnológica instaló en una serie de cultivos unos equipos que, a través de IA y de análisis de datos, podían ofrecer información a los agricultores sobre el momento adecuado para sembrar, regar o fertilizar. Un recurso perfecto para ahorrar agua, uno de los bienes más preciados en el campo.

Esa aplicación de la inteligencia artificial no se limita a las grandes explotaciones. Nuestra sociedad, rendida a los encantos del mundo digital, encuentra en la jardinería y la horticultura una suerte de yoga: una terapia contra el estrés (la vida natural lleva su ritmo).

Diversas aplicaciones y gadgets, algunos ya al alcance del horticultor aficionado, otros como meros proyectos, prometen hacer más fácil la tarea de cultivar en interior, en pequeñas terrazas o en balcones. Así, existen desde robots de jardinería controlados por IA, como Herbot, hasta sistemas ideados para cultivar a partir de cápsulas de semillas, como SmartGrow, una propuesta de la tecnológica Bosch.

Las gafas de realidad aumentada, esos dispositivos que parecen no terminar de llegar nunca al usuario final, también aguardan su momento: en la jardinería o agricultura urbana, podrían ayudar a los aspirantes a horticultores a configurar su zona de cultivo y a aportar a sus plantas lo que necesiten en cada momento.

Tras la mecanización que reinventó la agricultura en los años 60, llega el turno la inteligencia artificial, que aspira a digitalizar el campo, sea cual sea su tamaño.

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